Vientos de… ¿Guerra?
Hay momentos puntuales de la historia universal en los que se producen “acontecimientos planetarios”, como aquel que señaló una tal Pajín, en el que “coincidieron” en el poder Obama y Zapatero (hay que ser exquisito en los elogios, máxime cuando has resultado agraciada con un ministerio).
O en el momento actual, cuando Putin y Trump vuelven a coincidir por segunda vez y puestos a congraciarse, pelillos a la mar, se muestran decididos a establecer un nuevo orden mundial y a repartirse lo que se les antoje.
El primero sigue siendo un indeseable criminal autoerigido como nuevo zar, al que se le ha ido quedando pequeña su extensa Rusia y se empeña en ampliar sus fronteras; ayer y hoy invadiendo Ucrania y quién sabe si mañana haciendo lo propio con Polonia, Finlandia o Rumanía.
El segundo, más que político empresario, nada diplomático, viendo sólo las oportunidades de negocio, impaciente por controlar las “tierras raras” de los ucranianos, anexionarse, por las buenas o por las malas Groenlandia o recuperar el canal que los EEUU cedieron a Panamá durante la presidencia de Carter, en 1977… y especialmente culpando a la Unión Europea de “fastidiar” a “su” país.
Y en medio esta última, convertida en la práctica en un simple espectador, lenta de reflejos e incapaz de hacerse valer con la energía y la rapidez que se requieren ante las situaciones complejas.
Mientras, España, el Gobierno español, en un quiero y no puedo condicionado por las posturas extremas de sus socios y de sus “colegas” de investidura, trata de nadar y guardar la ropa, aparentando un control de la situación que no tiene.
Hay quien señala al “líder supremo” de ser un “señor de la guerra y lamerle las botas a Trump”.
Y quienes desde los “mundos de Yoli” y ante una eventual crisis alimentaria proponen reducir la producción agrícola y cuidar el paisaje.
Una parte promete a la OTAN incrementar el gasto de defensa hasta el 2% del PIB antes del verano y al tiempo la otra propone abandonar ya la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
Mientras Europa habla de la necesidad urgente de “rearmarse”, el escuadrón de asesores de Sánchez busca afanosamente eufemismos para disfrazarlo de defensa y seguridad para no ahuyentar a los “amigos”.
Una parte del gobierno está por preparar las baterías antiaéreas, la otra por taponar las bocas de disparo con flores magenta y ante la más que previsible derrota, los de la rosa roja no se atreven a someter la cuestión al Congreso de los Diputados, donde sólo podría que salvarle la oposición a la que insultan casi a diario.
Se jura y perjura, se les da bien coordinarse para repetir las mismas frases casi textuales, que un incremento en el gasto de “defensa y seguridad” no restará un céntimo de euro a las partidas de gasto social y ecologismo, pero lo cierto, la cruda realidad, será que, sin presupuestos, estamos condenados al recorte de otras partidas o a la subida de impuestos.
Y a todo esto, casi en clave de humor, la Comisaria de Preparación, Gestión de Crisis e Igualdad, nos presenta su particular “kit de supervivencia para 72 horas”, como si el posible desastre fuera a acabarse en tres días.
Es una pena que no incluya tiritas y agua oxigenada por si finalmente nos envuelve una guerra…
Pero por si llegan esos “tres días fatídicos”, sería recomendable, además de otras muchas cosas, que los más sensatos ya suelen tener en sus despensas, procurarse unos chorizos de Ólvega, un jamón de Teruel, un queso de Tomelloso, un cajón de cítricos de Alcantarilla, un saco de patatas de Bergantiños, una garrafa de aceite de oliva de Baena…
Aunque, si el afán expansionista de quienes con tanto interés pretenden controlar el planeta desata los vientos de ¿guerra?, de poco servirán los “kits”, ni los lamentos, de nada echarse a correr buscando un refugio porque es probable que no pueda salvarse ni el “galgo de Paiporta”.