Buscando a Blanca desesperadamente
Según el Informe “Personas Desaparecidas” publicado por el Ministerio del Interior, al 31 de diciembre de 2018, en base a los datos facilitados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, se habían registrado 176.063 denuncias por desapariciones de personas en España.
De la cifra total, siendo muy importante, sólo el 7% (12.330) continuaban sin resolverse y de éstas únicamente el 2,19% (271) se consideraban de alto riesgo.
Según datos de la Asociación sin ánimo de lucro SOS Desaparecidos, cada día desaparecen en España cerca de 90 personas.
Diariamente, las redes sociales y los distintos medios de comunicación nos anuncian nuevas desapariciones a lo largo y ancho de nuestra geografía que en un porcentaje cercano al 98% se acaban resolviendo.
Todas y cada una de las desapariciones, sean niños, ancianos o personas adultas en general, son vidas con la misma importancia y valor, con una familia detrás que sufre su ausencia y la vive con la misma preocupación e incertidumbre sea cual sea su situación social.
No debe caber la más mínima duda de que las Fuerzas de Seguridad del Estado, los servicios de Protección Civil, los bomberos cuando el caso lo requiere y el resto de servicios públicos, hacen siempre todo cuanto está en su mano para resolver cada caso y devolver a los desaparecidos, cuando su marcha no fue voluntaria, a sus familiares y amigos.
Cierto es que, especialmente la prensa y determinados programas de televisión convierten algunas desapariciones en un “espectáculo” mediático que a otras muchas familias les puede parecer “discriminatorio”.
Nos sorprendió a todos el llamamiento, a través de Twitter, que el último día de agosto hacía la Policía Nacional, alertando sobre la desaparición de Blanca (Nieves) Fernández Ochoa, la única mujer española que ha logrado una medalla (de bronce) en unos Juegos Olímpicos de Invierno, concretamente en los celebrados en la ciudad francesa de Albertville en febrero de 1992.
Desde ese momento todo el mundo se ha movilizado y hoy mismo, los caminos, senderos y montes de Cercedilla se han visto desbordados por centenares de voluntarios que han querido sumar sus esfuerzos a los de las Fuerzas de Seguridad para devolvernos, a todos, pero especialmente a los suyos, sus hijos, sus padres, sus hermanos, sus amigos, su pueblo, a Blanca.
Por razones de mi trabajo en Las Rozas, entre los años 2005 y 2008, tuve ocasión de conocerla y tratarla y siempre la he recordado con simpatía como una persona llana, abierta y sencilla.
No atravesaba en aquellos tiempos por los mejores años de su vida, ni en lo personal ni en lo profesional, pero no había perdido el brillo de su mirada vivaracha y sonreía incluso cuando tras un percance sufrido durante un desafío deportivo, debía moverse con muletas.
Hoy, cuando tanta gente sigue buscando desesperadamente a Blanca, no puedo menos que sumar mi deseo de que donde quiera que esté, cansada, herida o deprimida, la encuentren y le ayuden a bajar de la montaña, para que se acabe la incertidumbre de los suyos y pueda seguir sorteando las puertas del interminable slalom que es la vida con esa sonrisa que recuerdo.